Una nueva guía con pautas para prevenir, detectar e intervenir ante el acoso escolar y el ciberacoso desde una perspectiva preventiva, inclusiva y restaurativa.

El acoso escolar y el ciberacoso constituyen una de las principales preocupaciones en materia de convivencia y protección de la infancia y la adolescencia. Para avanzar hacia centros educativos más seguros, inclusivos y protectores, el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes ha publicado en 2026 la ‘Guía para el diseño de protocolos de acoso escolar y ciberacoso’, un recurso que pretende ofrecer criterios comunes y orientaciones prácticas para prevenir, detectar e intervenir ante estas situaciones. 

Prevenir antes de que aparezca el acoso

Uno de los principales planteamientos de la guía es que un protocolo no debe limitarse a responder cuando el problema ya se ha producido. La prevención primaria debe formar parte de la cultura cotidiana del centro y orientarse a fortalecer la convivencia, la cohesión grupal, el sentido de pertenencia, la corresponsabilidad y el cuidado mutuo.

Entre las medidas propuestas aparecen la formación del profesorado y del personal no docente, la participación activa del alumnado, la colaboración con las familias, los círculos de diálogo, las redes de apoyo entre iguales y el trabajo sobre educación socioemocional. También se concede una especial importancia al uso responsable de la tecnología y a la educación para una convivencia digital segura. 

Detección temprana y canales seguros

La prevención secundaria apuesta por una vigilancia activa que permita identificar señales iniciales antes de que las situaciones de exclusión o violencia se consoliden. Cambios de conducta, aislamiento social, malestar físico sin causa aparente o determinadas reacciones ante dispositivos y notificaciones pueden constituir señales de alerta. 

Para facilitar esta detección, la guía recomienda disponer de canales de comunicación y denuncia seguros, confidenciales, accesibles y conocidos por el alumnado. En los casos de ciberacoso, además, deben contemplarse los espacios digitales donde pueden producirse las conductas, así como la conservación adecuada de las evidencias. 

Un protocolo en siete fases

La guía estructura el procedimiento de intervención en siete fases: detección y comunicación; inicio del protocolo y medidas de protección inmediatas; recogida de información y evidencias; análisis y toma de decisiones; notificaciones; plan de intervención integrado y restaurativo; y seguimiento y evaluación. Este último debe prolongarse durante un mínimo de seis meses. 

El planteamiento busca combinar la urgencia de proteger al alumnado con una intervención rigurosa y coordinada. Además, se apuesta por pasar de un modelo centrado exclusivamente en la sanción a otro que incorpore la responsabilidad, la reparación del daño, la restauración de las relaciones y el aprendizaje. 

Una mirada inclusiva ante situaciones de vulnerabilidad

Otro aspecto destacado es la incorporación de una perspectiva interseccional, necesaria para comprender que determinados factores pueden combinarse y aumentar la vulnerabilidad ante la violencia. La guía contempla específicamente situaciones relacionadas con LGTBIfobia, discapacidad y autismo, entre otras. 

En definitiva, la propuesta del Ministerio plantea que combatir el acoso escolar y el ciberacoso no consiste únicamente en reaccionar ante un caso. Implica construir comunidades educativas donde el buen trato, la participación, la protección y la convivencia formen parte de la vida diaria del centro.

Descarga aquí la “Guía para el diseño de protocolos de acoso escolar y ciberacoso

Autores: Ana Angulo Fernández-Pacheco , Elena Campaña Marqués , María Amparo Cortell Escrivá , Andrea Escrivà Ferrer

Fuente: Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes