El voluntariado puede ayudar a prevenir la soledad no deseada en adolescentes, creando vínculos, redes de apoyo, participación y espacios de pertenencia.

La soledad no deseada constituye una realidad que afecta de manera significativa a la población joven. Según los datos recogidos por la Plataforma del Voluntariado de España, el 25,5 % de la juventud española afirma sentirse sola actualmente y el 69 % reconoce haber experimentado esta situación en algún momento de su vida. 

La adolescencia es, además, una etapa especialmente importante para la construcción de la identidad y las relaciones con el grupo de iguales. Los cambios personales, familiares y sociales, la llegada a nuevos centros educativos, el rechazo, el acoso escolar, las dificultades relacionadas con la migración o la discapacidad y determinadas experiencias de diversidad afectivo-sexual pueden favorecer situaciones de aislamiento y soledad.

El voluntariado como espacio de relación y pertenencia

El informe destaca que el voluntariado es, ante todo, una actividad relacional. Permite establecer vínculos entre iguales, participar en la comunidad y desarrollar competencias emocionales y sociales. De este modo, puede convertirse en un factor protector frente a la soledad no deseada. 

Además, las personas jóvenes que realizan voluntariado señalan beneficios como conocer gente nueva, mejorar la autoestima, desarrollar habilidades sociales y encontrar espacios donde sentirse escuchadas, valoradas y aceptadas. Cuando la acción voluntaria está bien diseñada, puede ser beneficiosa tanto para quienes reciben apoyo como para quienes participan como voluntarios y voluntarias. 

Crear redes y oportunidades para participar

Frente a la soledad no deseada, no basta con estar acompañado: es necesario contar con vínculos reales, cercanos y significativos. Por ello, la Plataforma propone impulsar espacios de socialización vinculados al deporte, la cultura y el ocio, así como reforzar la participación juvenil dentro de las entidades sociales. 

El entorno educativo también aparece como un espacio clave para detectar y prevenir estas situaciones, mientras que las entidades sociales pueden contribuir a crear comunidad, generar redes y favorecer la participación de adolescentes en causas que sean significativas para ellos y ellas. 

Un voluntariado libre, inclusivo y transformador

El informe recuerda que el voluntariado debe realizarse libremente. Familia, escuela o servicios sociales pueden animar a participar, pero nunca obligar. Además, es importante encontrar el ámbito de voluntariado que mejor se adapte a cada adolescente y garantizar espacios seguros, inclusivos y libres de juicios. 

Así, fomentar el voluntariado adolescente no significa únicamente ofrecer una actividad más. Supone abrir oportunidades para participar, sentirse útil, construir relaciones y formar parte activa de la comunidad. Una herramienta que, acompañada de otras medidas sociales y educativas, puede contribuir a prevenir la soledad no deseada y favorecer una adolescencia con más vínculos, participación y sentido de pertenencia.

Descarga aquí el informe El papel del voluntariado adolescente frente a la soledad no deseada

Fuente: www.plataformavoluntariado.org