Los conflictos están presentes de forma inevitable en todos los ámbitos de nuestra vida y, por tanto, también en las familias. Puede decirse que, si hay vida, se producirán con toda seguridad conflictos; por el contrario, la ausencia de los mismos señala una vida anodina, de baja calidad, mortecina, agotada, próxima a la desaparición de la persona y del grupo.

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